PIZZERIAS EN UNA NOCHE LLUVIOSA

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Anoche un amigo me decía: es más terrible la muerte de un niño que la muerte de una persona mayor porque los niños no la comprenden. A lo que yo respondí: eso significa que el día de mañana cuando sientas un terrible dolor en el brazo izquierdo, un sudor frío corriendo como lagarto por tu espalda y una asquerosa opresión en el pecho vas a poder decir. Amigos, no se preocupen, estoy sufriendo un ataque al corazón y moriré en unos minutos. Pero estoy bien. Porque lo comprendo. Imagino que no. Imagino que la muerte es oscura y aciága para todos. La muerte es indescifrable para cualquiera y quizá los niños puedan sufrirla menos porque, justamente, no la comprenden. Ellos no poseen el registro del pasado ni del futuro. No hay mejores momentos para un niño. No hay esperanzas de mañana. Todo es momentáneo, fugaz, pero terriblemente importante. En cambio nosotros, estúpidos adultos, vivimos de vanas fantasías. Anhelamos una época mejor que siempre está por venir. Extrañamos años de placer que siempre estuvieron en el pasado. Y así, estúpidamente, desperdiciamos el presente en una inútil evocación de momentos que solo conviven en el limbo. Los recuerdos son ejercicios que la mente utiliza para darle sentido a su existencia. Pensaba todo esta sarta de inutilidades mientras por la televisión un par de actores argentinos protagonizaban una novela de aventuras. Traiciones, asesinatos, engaños, lealtad, desconfianza, oscuridad, misterio. Todos los condimentos que una buena historia necesita para venderse. Y afuera, en la calle, en las demás casas, en las otras vidas, la gente preparaba la cena, prendía y apagaba hornallas, sentaba sus ojos frente a la pantalla del televisor, se desvestía, tomaba café, subía a los colectivos, le daba arranque a sus autos, se lavaba los dientes, dejaba que la barba, inevitablemente, siguiera creciendo. Se amaban, se cubrían la cabeza con un sombrero. Se cortaban las uñas. Yo por mi parte me subí al carro. Le dí arranque. Baje la ventanilla. Respiré el aire frío y húmedo de una noche de lluvia y salí. Me llamó la atención ver tantas pizzerias en una misma calle. Eso fue todo.

2 Humanos Comentarizaron:

Avatar dijo...

Somos, lamentablemente, personajes de un circo inmenso... la vida solo es una telaraña que nos atrapa y nos va acercando a lo que nosotros mismo deseamos inevitablemente: la fantaciosa muerte. Pero el circo continua y las personas de plastico se rien y sofren en el, sufren plastico, sudan plastico, viven plastico... y la faena continua irreversiblemente hasta el infinito.

GABO CARUANA dijo...

la puesta en abismo que nos propone la vida y el consecuente vértigo se solucionan vaciando litros de whisky en el alma.