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Novelaria: un nuevo blog

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Hola a todos. Desde hace un tiempo, como algunos lo habrán notado y otros no, mis apariciones por estos parajes han sido escasas. Las excusas son las de siempre, mucho trabajo, poca inspiración, cansancio, otras herramientas de la web que llamarón más mi atención. Muchas cosas.

Ahora bien, me di cuenta que este blog, al que tanto cariño le tenemos con el Sr. Venter, es más que nada, un blog de música (increíble descubrimiento el mío). Que de alguna manera, los escritos (literarios?) y los posteos sobre cualquier novedad tecnológica, cinematográfica, editorial, televisiva, o lo que fuera, cada vez estaban más fuera de contexto.

Y esto no lo digo con ánimo lastimoso ni con ganas de recibir palmadas en la espalda. Simplemente creo que un blog que condense su temática, automáticamente amplifica su calidad y filtra mejor la llegada de sus lectores, entregando el material que se busca y no otra cosa.

Por esta razón decidí que ya era tiempo de abrir un nuevo blog. Uno en el que las historias estuvieran solas. Rodeadas de ellas mismas. Un desafío para intentar comprobar la supervivencia de la palabra.

Por aqui se queda Venter con su ancestral música, La presencia poco metódica de "El Club de la Serpiente" y ya veremos que otras cosas pueden ir sucediendo.

Resumiendo, voy a migrar algunos textos de Subsidio al nuevo blog, los que considere más interesantes o menos peores. Y voy a intentar escribir nuevas cosas.

Están todos invitados. Es por acá www.novelaria.com.ar

Gracias.

Gabo Caruana.

TAREA PARA EL HOGAR: 14 COSAS LINDAS

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Desde el blog de Ana me llega esta Tarea para el Hogar. Escribir 14 cosas que me hagan feliz, elegir algunos bloggers amigos y pasarles el meme para que hagan lo suyo. Pues bien, para encontrar entre los días que pasan buenos momentos, acepto la propuesta y acá van mis 14 felices.

Ah! antes que sigamos les dejo las reglas del meme:

1. Escribir 14 “pequeñas cosas” que te hagan feliz

2. Copiar primero las reglas

3. Seleccionar 6 bloggers para que sigan con el meme

4. Avisarles a los bloggers seleccionados (y aguantarse después las puteadas).


1- Los Domingos cerca de las 11 de la mañana cuando abro los ojos y hay un poco de luz que se filtra por las persianas de mi casa y pienso que en unos minutos nomás el agua va a estar dentro de la pava sobre el fuego y mi chica sentada frente a mi en nuestra silla en nuestra mesa entre galleta y galleta me contará sus sueños de la noche pasada.
2- Que haga frío y poder salir con las manos en los bolsillos y tirar aliento por la boca que parece humo y que las señoras que hacen garrapiñadas y almendras con caramelo prendan sus garrafas y armen sus carritos en las esquinas de este desierto y que ese olor dulzón te atrape a mitad de cuadra y que al llegar a la esquina descubras esas ollas tipo wok de cobre como todo martillado responsables obvias del perfume y no puedas resistir la tentación ni los salubres consejos de tu bromatóloga amiga y te compres un paquetito de garrapiñadas y sigas tu camino más feliz que no se qué.
3- Las autopistas de Buenos Aires vistas entre sueños medio dormido desde el asiento incómodo de un colectivo de larga distancia clase turista.
4- Beber con amigos y sacar fotos y mirarlas ahí nomás como asombrado por tanta tecnología suelta.
5- Escuchar la música extraña que mi amigo Venter postea en este blog y poner cara de: qué corno es esto?
6- Caminar desde mi casa hasta el estudio y tratar de innovar cada mañana el recorrido. Las opciones son finitas pero las combinaciones siempre pueden modificarse aunque más no sea en la posición de la cabeza. Una mañana por ejemplo camino mirando hacia arriba y descubro que las fachadas de los edificios son extrañamente nuevas. ¿Eso siempre estuvo ahí?
7- Escuchar más de 10 veces la misma canción. Música de poder le digo yo. Hagan la prueba con “The district sleeps alone tonight” del disco “Give Up” de “The Postal Service”.
8- Dejar de fumar y fumarme un pucho de vez en cuando.
9- Tener mucho trabajo. No tener ganas de hacerlo. Ponerme a hacerlo. Terminarlo y darme cuenta que era mucho menos de lo que yo pensaba.
10- Cocinar. Cualquier cosa. Cocinar y cortar verduras en pequeños trozos y usar el mortero que me regalo mi chica para preparar pasta de ajo y cilantro y revolver menjunjes con mi cuchara de madera y silbar y mirar por la ventana y ver que el vidrio por el calor de las ollas siempre se empaña.
11- Que ella se duerma primero y yo quedarme leyendo hasta dormirme con el libro sobre el pecho.
12- Tomar mate con mi vieja.
13- Ser un cabrón pero haber logrado que mi chica y mis amigos igual me soporten.
14- Tener un blog y poder no usar jamás una asquerosa coma.

Le paso la felicidad a Gise, Nacho, Fregaria, Rain.

VERBOCA Y RÓMEZ EN UNA TARDE DE VODKA Y BATAS FLOREADAS

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"Bervoca y Romez en una tarde de vodka y batas floreadas" es un relato que fue publicado en Subsidio en Julio del año 2007. Ahorita mismo, escribo algunas historias que intentan trabajar sobre mecanismos y formatos más tradicionales. Con personajes que se llamen Pedro y Aníbal y Antonio. Que hagan pis y jueguen al chinchon. Hasta ahora solo he logrado terminar un par de cuentos pésimos. Berretas y muy pretenciosos. Les dejo al triste Rómez con su bata floreada, para que pasen el rato mientras yo trato de escribir, aunque más no sea, dos palabras que no me den vergüenza.


Me pregunto si será posible la penetración por el este. Justo cuando la noche se caiga. El sabor de la porción que ella le arrancó de las manos. “Le arrancó de las manos” es proporcional al estímulo que él cree que va a recuperar. Que algún día recuperará. No saber si uno está esperando con verdadero sentido de la realidad porque no hay un solo sentido al cual atenerse en realidad.

La verdadera causa del dolor radica en Uno”. Eso le decía Bervoca a su primo Rómez mientras se manoseaba la entrepierna y con la otra mano levantaba el vaso con vodka, hielo y limón.

Hay algo en el blues. Algo que camina lento sobre el pavimento.

Primer día de frío del año. Rómez se despierta con más energía que de costumbre. Abre la ventana de su habitación y en la calle el calor ya no está. Hace un fresquete de la ostia. Decide que como toda su ropa estaba sucia ese día no iría a trabajar. La casa donde Rómez vive era de su madre que falleció en un accidente aéreo. Un viaje a Guatemala para ver a un supuesto hermano. Nunca volvió. Por suerte. A Rómez le gustaba quedarse todo el día en esa vieja y asquerosa casa. Paseándose como un gato trolo. Vestido con la bata de flores estampadas en colores rojos, azules y verdes que su madre había dejado. Rómez no estaba enfermo. Ni era un psicópata, ni un anormal. Era un perdedor que no tenía voluntad ni siquiera para convertirse en algo malo. Su primo Bervoca en cambio había conseguido el éxito. Lo había logrado. Mujeres, dinero, carisma, una vida lustrosa, como recién plumereada con Blem.

La verdadera causa del dolor radica en Uno, muñeco. Es así. Creéme. No hay otra. Si vos no te levantás del charquito cochino en el que estás revolcándote, nadie lo va a hacer por vos” Eso decía la bosta de Bervoca al sutil Rómez mientras con un Tramontina cortaba unos limones más para su vodka. Bien finitos los cortaba el pendejo y ni una gota se escapaba de los casilleros naturales y amarillos. Bien finitos los cortaba el pendejo y a mi me arden los dedos por que tiendo a comerme el cuerito de los costados y cuando corto limones me duele como la puta madre. La pelotita salchicha. Recuerdo esa vez que peloteamos con la Nro. 5 de cuero en la finca del Loco Pastrián, y yo estaba pateando al arco y el animal de su hijo hacía de arquero contra el portón de la cochera y le dije, te pego un pelotazo en las bolas y el tipo me miró sorprendido y dijo que no podría porque estaba muy lejos y no tenía la puntería suficiente. Y yo lo miré y me dejé llevar por una brecha que se abrió en el espacio que nos separaba y sentí una especie de perfección, una seguridad en la ejecución, un estar más presente, más extraño. Y pateé y di en el blanco y el animal del hijo del Loco Pastrián se derramó sobre la tierra, cayó con las rodillas y luego inició un contoneo extraño sobre el piso mientras vomitaba y gemía de dolor. El tiempo volvió a fluir de manera normal. Me acerqué. A medida que caminaba me convertía en el mismo inepto de siempre. Ya no había perfección, ni brecha espacio temporal. Ahora estaban los problemas del animal gimiendo de dolor. Del padre ofuscado deseando matarme pero conteniendo su más sincero sentimiento. La tarde que se mostraba impaciente y babeaba nubes grises sobre el final cuchillístico de la finca. Los árboles con manzanas verdes se bamboleaban y el viento patagónico los soplaba sin descanso y hacía esa música tan personal que tienen los atardeceres grises con árboles de manzanitas verdes colgando de sus ramas. Una música de terror. “La verdadera causa del dolor radica en Uno, muñeco. Es así. Creéme. No hay otra. Si vos no te levantás del charquito cochino en el que estás revolcándote, nadie lo va a hacer por vos. Nadie va a tirarte una soga, y si te la tiran seguro va a ser esperando que te cuelgues de una viga. Haceme caso. Tratá de hacer como yo. A mi nadie me regaló nada. Yo me hice de abajo. Desde abajo te diría. A mi nadie me levantó de mi charquito de basura.” Y Bervoca se tomaba otro sorbo de vodka mientras arqueaba las cejas en señal de aprobación o quizá de remembranza o simplemente por que ese era su tic predilecto. Y las paredes de la cocina que contenían a Rómez y a Bervoca se alejaban y acercaban en un travelling estúpido contra la realidad y los limoncitos cortados en fetas como la mortadela de la histérica sin sexo de la esquina de la casa que se puso un negocio justo ahí. Frente a la Araucaria. Y le trajo mala suerte. Y esa botella con vodka que contra todas las predicciones no vacía jamás su contenido y por su culpa por su gran culpa esa anti-vacío impide que la bosta de Bervoca se vaya de mi casa y mamá muerta entre los pedazos retorcidos del avión humeante chispeante y este primo vacilante que come billetes de cien pesos mientras yo tengo la ropa sucia y la bata floreada de mamá me da calor calor calor y quién dijo que el vodka se toma con limón. Ojala esto se termine pronto.

Último trago de la botella. Último limón del saco de limones. Bervoca se levanta, tambaleante toma el pasillo con sus manos y se ayuda con experiencia para lograr un exit decoroso y se despide. Rómez le abre la puerta. Lo saluda con la mano derecha mientras con la izquierda cierra la bata floreada de su madre sobre su pecho. La tarde es gris y el frío corta la piel como navaja, Rómez se mete en la casa y decide pasar una rejilla húmeda sobre la mesa manchada de limón. Luego verá que hacer con el resto del día.

REGRESO A LA FRÍA MONTAÑA

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Gracias. Gracias hacen los monos. Que andan colgados de las ramas y en Bariloche se le dice rama ramita al cigarrillo de marihuana que se fuman los pibes en las plazas y los viejos escondidos en el baño de su casa también rolan la tila para hacerla humo mientras su mujer mira la novela de la tarde y ellos se masturban y ponen los deditos así- así para no quemarse. Rascarse el ombligo tirado panza arriba mirando el techo de la habitación mientras afuera la noche sigue llenando las orejas de los insomnes con raros coches y eructos de placer bolichero y las esquinas se abrazan por los hombros para no caerse y le vomitan el patio con geranios a la vieja del perro salchicha. Caramba los nenes que se beben la respiración de las nenas en un baile desarmado y oloroso. Caramba con el ruido que hacen las máscaras al caer y el lento de agudeza que se queda juntando los pedazos y se pregunta de dónde mierda salieron tantos disfraces y porque a mi nunca me avisaron que la cosa se hacía así.

Clavando la botella de cerveza rota en la nuca del que se despide.

EL MOSTRADOR

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La forma que tenían de mirarse anticipaba los acontecimientos. Digamos que no era necesario ser un gran observador para darse cuenta que los chicos querían cojer. Y que probablemente lo venían haciendo desde hace mucho tiempo. Ella se contoneaba frente al mostrador como si fuera una serpiente drogada, era quizá, demasiado ruidosa. Él, haciendo como que nada pasaba, prefería limpiar la superficie pegajosa de su mostrador con un trapo más pegajoso aun, lo que resultaba en una mierda chiclosa que se adhería al fondo de los vasos de los pocos clientes que se animaban a sentarse a beber en ese barsucho de cuarta. El mostrador desprendía, por ende, un particular olorcito a culo, típico de las rejillas o trapos mal lavados. Algunas lavandinas también ostentan ese secreto aroma. Esta indiferencia por parte del tipo que limpiaba el mostrador, parecía excitarla aun más a la minita-serpiente que cada tanto y sin importarle demasiado si el tipo o algún otro borrachín la miraba, le pasaba la lengua al mostrador, se metía el dedo índice en la boca y se tocaba las tetas, atrapadas en un topcito violeta a punto de explotar. Por todos lados. Todo esto al mismo tiempo, mientras tragaba cerveza como una loba. Y no era precisamente Valeria Lynch. Podría haber sonado cumbia en el barsucho de cuarta, como para darle más color a la situación pero no, lo que sonaba desde un doblecasetera marca Aurora Grunding, era un casette BASF cinta de cromo cobalto, ya medio hecho bosta, con grabaciones de Coltrane y Davis hechas de alguna radio, en algún momento, por vaya uno a a saber quién. Al tipo de la rejilla le gustaba esa música, le hacía bien la trompeta cíclica, sentía que podía mantener un diálogo importante con el resto del mundo si se dejaba llevar por la trompetita y su matemático ritmo. Para su opinión el piano y los demás instrumentos estaban de más. El con la trompeta era feliz, se tranquilizaba y podía soportar, de vez en cuando, cojerse a la puta de Cristina que no paraba de moverse frente a su mostrador. Para qué mierda me hace todo este circo berreta, si sabe que vamos a cojer lo mismo. Si ni ella tiene a otro, ni yo soy capaz de conseguir a otra. Los dos estamos demasiado cansados. Viejos. Y después de todo, esto es lo más parecido al amor que nos puede pasar. Las horas se hundian como el Belgrano en la guerra de Malvinas y Cristina ya no se movía tanto, la cerveza la había atontado y el tabaco le había puesto la cabeza como una pelota de fútbol. Estaba sentada en un taburete de madera que tenía el tapizado hecho pelota. Alguna vez había sido un buen taburete de color verde, con esos cueros caros de comedores lujosos. Pero hoy era una mierda conseguida en un remate, el "Hotel Rayentray" se había fundido y la gente había comprado por dos mangos, camas de tres plazas, copas de cristal y taburetes con cuero verde lujoso. Ahí estaba ella, apoyando su alma mientras el hígado se le hacía cada vez más chiquito. La noche pedía espacio entre los codos de los borrachos que se dejaban morir de a poco en ese barsucho de cuarta. El tipo detrás del mostrador seguía dando vueltas al casette. Los amigos se extrañan en las tardes. Cuando el sol se cae lento detrás del paredón del patio y yo imagino historias de países que no conozco. El pasado se hace espacio entre los vasos y me siento un poco triste. Esto me pasa a veces. Cuando termina la tarde. La trompeta se metía sin pedir permiso y marcaba el tiempo y decidia las vidas. Cristina ya estaba colocada, pero no aflojaba en su deseo, seguía metiéndose mano cada tanto y lo miraba con ojos húmedos a ese extraño tipo, que daba vueltas el mismo casette durante toda la tarde. Cuánto tiempo más voy a tener que hacerme la puta para que el gil este me lleve a la cama. Ya estoy vieja para seguir con este circo berreta. Ni el podría conseguir a otra, ni yo podría irme con otro. Además esto es lo más parecido al amor que vamos a conseguir. Ya era noche cerrada en cada rincón del barsucho. Cristina estaba lista para caerse del taburete y romperse la cara contra el piso. El tipo ya no daba vueltas el casette. No quedaban más que ellos dos en el lugar. Crisitina entonces lo mira, perdida, ausente. Casi mágica. El da la vuelta al mostrador, va hacia la puerta y la cierra con llave, baja la persiana de metal, apaga casi todas las luces. Se acerca a Cristina, le acaricia el pelo, la observa unos minutos, le saca el vaso a medias con cerveza de su mano y pasa su brazo por debajo del brazo de ella. La rodea con sus años, la levanta. La salva. Ella se deja llevar, pesada, deforme. Él camina despacio hacia el fondo del lugar, hay muy poca luz. Los dos cuerpos se pierden detrás de una puerta. Juntos, en un ritual que se repetirá hasta que alguno de los dos desaparezca y entonces el otro, perdiendo el sentido, ya sin rumbo, se deje atropellar por la muerte para irse detrás del que se fue primero. En los noticieros, a esto, le llaman amor.

ÚLTIMOS ASADOS ANTES DEL INVIERNO

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La cosa es más o menos así. Tomamos cerveza y tiramos troncos al hueco oscuro de la parrilla. Venter sopla los troncos y el fuego se queja con un zumbido dudoso. Crepitar le dicen. Tiramos hacia arriba el anillo metálico de nuestras latas de cerveza y escuchamos el psssfff que hacen, sin dejar de mirar el agujerito por donde sale el líquido y nos metemos más cerveza en el cuerpo. Las latas se terminan y Venter pregunta dónde conseguir más. Le paso unos envases de vidrio y sale a la esquina y compra más cerveza. Le pido que, ya que está, me compre puchos. Trae todo y seguimos tomando. Fumamos, yo Camel, él Parliament. Siempre me acuerdo aquello de "con su exclusiva boquilla filtrónica". Las llamas ahora son relativamente importantes y decidimos que ya está bien y que podemos poner la carne en la parrilla. Le cuento lo que compré. Tiramos entonces la carne sobre la parrilla. Mi mujer anda de acá para allá, acomodando. A veces se sienta a leer. A veces prende la tele. A veces prepara lechuga y tomate. A veces charla con nosotros. Venter nos cuenta de su nueva casa. La que le alquiló a Snake. Parece que hay que podar el patio porque no se puede pasar de la cantidad de ramaje que lo inunda. Le cuento la secuencia del otro día cuando una camioneta F-100 pasó a todo lo que da por la calle antes de que yo la cruzara, la camioneta iba con la caja llena de ramas y pasa por una protuberancia asfáltica y se le caé algo. Yo esperé que los autos pasen y fui y me fijé y era una tijera de esas para podar. La guardé en el bolso y me dije que para qué mierda la estaba guardando si yo no tengo un carajo que podar. Venter me dice que su misión ahora se ha revelado. La misión de la tijera obvio. Mirá vos. Hablamos de cosas varias y miramos la carne cocinarse. Seguimos tomando cerveza y yo abro el vino y lo pongo en el decanter-del-alquimista que me regaló mi mujer para mi cumpleaños. Para qué sirve eso, pregunta Venter. Le invento algo pero no queda demasiado conforme. No estoy muy lúcido últimamente. Ya está la carne lista. Mi mujer prepara la mesa en el patio y comemos y hablamos de cosas y de más cosas y de la vida también. Contamos historias, yo vuelvo a contar la del tipo que muere frente a mi en esa mañana de viernes en la que había comprado "Tokio Blues" y de regalo para ella "Abrigo" de Claudia Masin. Terminamos. Comimos carne de vaca y de cerdo. Chorizos y morcillas. Tomamos vino y ahora fumamos un poco de tila que yo tenía guardada en una lata. Mi mujer se va a dormir temprano y con Venter ponemos música. Después de todo para eso nos habíamos juntado. Me dice que me prepare, que la música que vamos a escuchar es de muertos y brujos y sonidos de la matemática pura. Veremos digo yo. Y si. Es así. Música narcótica-hipnótica-demencial-inquietante. Mujeres que lloran y agonizan notas. Ruiditos psicópatas. Quiebres y atómos que estallan en concordante vibración con vaya uno a saber que carajo. Máquinas perfectas para destrozar el cotidiano. Y la conclusión de la noche. Hay que ser estoico. Por que la vida es un ponerse y sacarse máscaras. Un exigir y un entregar. Un celar la cosificación de la propiedad privada. Entonces le cuento a Venter que cuando duermo, después de follar con mi mujer, pero no mientras duermo, más bien antes. Cuando separamos los cuerpos y ella se duerme apoyada en mi pecho, si, tal cual una escena de la Familia Ingalls, pero de esas escenas que jamás vimos porque sucedían dentro de la habitación de Charles. Bueno, cuestión que ella se duerme y yo quedo boca arriba, mirando el techo. En silencio, con poca intensidad de luz. Y entonces sí, me siento por completo libre, tranquilo, suelto, liviano, casi flotante. Y pienso, pero pienso de verdad, con profundidad y perspectiva, me dejo llevar por una sensación muy agradable, el ejercicio de recordar va de un lado a otro pero de forma suave. En ese momento disfruto más que nunca de la vida y el sentido de la existencia, disfruto pensar sin sentido, recordar con precisión detalles de mi infancia. Mirarla a ella dormir y amarla en silencio y a escondidas. Estoy como drogado, pero limpio, sin miedo a la resaca. Le cuento esto a Venter y me dice que eso se llama estoicismo y que de poder vivir así todo el día seríamos felices. Habrá que intentarlo, le digo yo. Seguimos fumando un par de tabacos más. Los discos giran implacables, suenan profundos y desgarradores golpes. También suena Jazz. Hablamos poco, la noche ya está instalada y las palabras sobran o simplemente no las encontramos. Siguen un rato más los discos. Después me duermo sobre un sillón. Atrapado por la música. Venter me despierta y me dice que llamó un taxi y que se va a su casa. Son las tres de la mañana. Me levanto del sillón un poco atontado por el sueño. Ordeno un par de cosas. Tiro las cenizas, lavo los vasos y limpio la mesa con una rejilla con Poett. Afuera en la calle suena una bocina y se ven unas luces que despiertan un poco la noche. Abro la puerta y Venter se despide con un abrazo. Sube al taxi y logró ver que le dice algo al conductor mientras mete la mano izquierda dentro de su bolso. Cierro la puerta y cierro con llave también. Apago luces y busco una botella con agua para llevarme a la habitación. Subo la escalera. Fue un buen asado.

AL FIN ALGO NUEVO: UN VIEJO PROGRAMA DE TV

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Columna publicada en mdzol.com el día 31 de Enero de 2008


Desde hace un tiempo atrás, para los usuarios de ciertas compañías de cable, se ha tornado una tarea imposible sintonizar el canal (á), uno de los últimos reductos de la cultura en la televisión por cable.

En su reemplazo apareció en nuestra vapuleada grilla de canales el que lleva por nombre “Encuentro”, una señal que pertenece al Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. Sin profundizar en los contenidos generales de este canal, me gustaría detenerme en la re-emisión de una serie de entrevistas realizadas por uno de los grandes periodistas de la radio y la televisión española, el Sr. Joaquín Soler Serrano.

Reconocido personaje que tuvo su época de apogeo allá por los años 50 y 60, carismático, de una cultura profunda, creador de climas atrapantes y con una inteligencia agradable y abierta, logró llevar adelanta desde 1976 y hasta 1981 unos de los programas de entrevistas más interesantes de los últimos tiempos.

Estamos hablando de “A Fondo” un ciclo televisivo que nos dio la oportunidad como espectadores de encontrarnos con las figuras más ilustres y relevantes de aquellos tiempos, personajes del quehacer artístico como: Juan Rulfo, Josep Pla, Salvador Dalí, Camilo José Cela, Bernardo Bertolucci, Frederick Forsyth, Jorge Luis Borges, Elia Kazan, Antonio Gala, Manuel Puig, Rafael Alberti, José Donoso, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti o Atahualpa Yupanqui.

El Conductor

Joaquín Soler Serrano fue periodista y locutor de radio. Inició su actividad profesional en Radio Barcelona de Radio Nacional de España en 1939.

En 1956 se trasladó a Venezuela, donde permaneció dos años trabajando en televisión.

A su regreso a España y luego de unos años de intensa actividad comienza con las emisiones de “A Fondo” a través de la RTVE.

Recibió los premios más importantes del periodismo, como el Premio Nacional de Radiodifusión (1961) y el Premio Ondas en las ediciones de 1955, 1959, 1962, 1976 y 1999.

A Fondo

La serie de entrevistas que puede volver a verse a través del canal “Encuentro” los Sábados a las 22 horas y por Canal 7 también los Sábados, en este caso a las 21 horas, es un verdadero tesoro escondido, parafraseando a Carlos Ulanovsky en su nota publicada en La Nación del Martes 23 de Octubre de 2007.

Ahora bien ¿De que trata este programa que ya cumplió más de 25 años de antigüedad?

“A Fondo” es una apuesta por lo despojado y profundo, un encuentro cercano con el lado oculto de cada artista. En una época en la que cortes y empalmes, transgresión temporal de los tiempos narrativos, atmósferas enrarecidas y personajes complejos hasta casi la incomprensión, toman las pantallas y hacen gala de su excentricidad.

Observar “A Fondo” es descansar el corazón y la inteligencia en un territorio artístico que ya casi por olvidado se encuentra inaccesible, el de la conversación como un arte, un mágico pacto planteado entre el que pregunta y el que se a atreve a dejar silencios, esquinas perdidas, mujeres y tristezas sobre la mesa y frente a miles de espectadores, que aceptamos asombrados la invitación para asistir a un encuentro íntimo y personal, con la extraña e inquietante intuición de no merecer tamaña oportunidad.

Las entrevistas en “A Fondo” no tenían un tiempo de duración estipulado, era un acuerdo tácito entre entrevistador y entrevistado, hasta donde la conversación los llevara, hasta ahí se dejarían llevar. La entrevista a Cortázar, por ejemplo, dura más de dos horas y la que Soler Serrano le hizo a Borges, supera las tres horas de duración.

Planteado en blanco y negro y con cámaras que prácticamente permanecen estáticas, apelando a un lenguaje que se construye más desde lo pictórico que desde lo televisivo, los dos personajes en cuadro se elevaban por sobre todo y fluían en un ida y vuelta de elevado poder periodístico.

Excelente producción, Serrano en ocasiones solía saber más sobre el pasado de su entrevistado que el entrevistado mismo, y una sabia cadencia que como suave savia recorría los minutos que duraba el programa, sin el asedio dictatorial del rating ni los sponsors.

“A Fondo” es una de esas rarezas de alto vuelo cultural, pero no confundamos cultura con hermetismo, esto es una invitación abierta al disfrute de todos, sin exclusiones ni exigencias extrañas, esas joyas televisivas que hacen más felices los momentos que pasamos frente a la pantalla chica.

Para los lectores más tecno, el ciclo completo de entrevistas puede encontrarse (y bajarse) con cualquier programa gratuito que permita compartir archivos en la web (P2P). En Google Video existen, completas y en calidad respetable, varias de las entrevistas realizadas por Joaquín Soler Serrano (ver final de la nota).

Para aquellos que no disfruten de ver este tipo de programas a través de sus monitores, les recomiendo entonces encender su televisor y acercarse a la señal de “Encuentro” los Sábados a las 22 horas o bien sintonizar “Canal 7 – La TV Pública” los Sábados a las 21 Hs.

Te dejamos la entrevista completa a Jorge Luis Borges y un fragmento de la realizada a Julio Cortazar.



ALAN PAULS Y EL PASADO

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"El Pasado" es el antepenúltimo libro del polifacético Alan Pauls, escritor, guionista, supuesto conductor o presentador, crítico de cine, en fin, lo único realmente salvable de esa familia. Los otros hermanitos ya los conocemos, hay uno con complejo de lindo y el otro con problemas de calvicie y la plena seguridad de ser un alma sensible cuando en realidad es un gilipollas. Pero Mr. Alan, el menos agraciado en belleza facial, se dedicó a escribir y le salió bastante bien. Bolaño lo catalogó como "el mejor escritor vivo latinoamericano" y vale aclarar que su relación fue tan solo epistolar, lo cual convierte a la crítica o aseveración en algo más real e interesante. "El Pasado" es una novela extensa de amor y crueldad. Un oscuro espacio construído con el desengaño y las ausencias, el dolor y la traumática experiencia de hundirse atado a los analgésicos para derrotarla: drogas, alcohol, sexo vacío y duro, trabajos imposibles, largas barbas y mal olor. Sus protagonistas caminan al borde del precipicio y no le hacen asco a la caída. Vuelan por sobre el guardaray y se destrozan contra el piso para volver a construirse desde sus propias vísceras, como en una cruenta y repetitiva fábula griega. Rímini, Sofia y todo el entorno que los contiene y los abraza, a veces hasta asfixiarlos. Como dije antes "El Pasado" es una larga novela, con espacios arenosos díficiles de atravesar, con noches frías y despojadas. Con departamentos calurosos y con muebles que traen fantasmas y tierra dentro de los cajones. Pero también es un espiral perfecto, un dibujo que permite detenerse en la mitad de nuestro recorrido y observar hacia atrás y hacia adelante sin perder jamás la perspectiva, una perfecta combinación de paréntesis invisibles y puntos finales que se pierden en el final de cuchillo de sus páginas. "El Pasado" es todo eso y también hacia el final del camino es una historia triste, que nos deja la boca y los bolsillos y los portarretratos y los espejos y el botiquín con un raro gusto a naftalina. Un olor y un sabor que aparecen siempre que aquellos que pensabamos ausentes vuelven a meterse en nuestros riñones como una piedra extranjera y dolorosa.

Esta es una novela para leer con tu chica durmiendo segura a tu lado y darse cuenta que mejor que pegotear los pedazos rotos es cuidar que nada se destroze por nuestra simple desidia.

"El Pasado", penúltima novela de Alan Pauls, recomendable para soportar los golpes que el calor de este verano, boxeador y salvaje, nos está propinando.

La novela ha sido llevada al cine por Héctor Babenco con críticas desfavorables.

Aquí una entrevista a Alan Pauls.

El enlace a la entrevista que figura en este post fue enviado via MSN por unicazul. La nena que batalla contra mi desidia.

CALORAMA

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con el agua hasta el cuello y mis pelotas flotando. con el agua hasta el cuello. detrás de la montañana. rayos. refusilos. un rayoluz. sobre la superficie tensa del agua las manos y los brazos. los cuellos agitan sobre la superficie del agua la baba y el moco de los extraños. hombre puto con complejo de diva se arroja en franca ballena sobre la superficie tensa del agua y se acerca a mi espacio vital. decido subir por el costado izquierdo y evitarlo. las divas me caen mal. el fondo del agua resbala viscoso por las plantas de los pies. frases entre gorgoteos y sol que roja las espaldas y desmaya a las mujeres. la música nadie la piensa y entonces música anarquista se desarma sobre las siluetas borrosas detrás del calor. las copas se hunden en las bocas. los dientes cortan el aire denso con el hambre que dan los chapoteos. luego la luz que desorienta la noche y estira la mogólica continuidad del día. casi al final del reloj las nubes se abultan en color apocalípsis y una suave brisa de ficción agita el tubo de madera que deja flotar libremente las servilletas de papel y ya entre nosotros perros del mismo barrio balbuceamos canciones como suaves cantos de batalla. cuando las voces se cruzan en el centro de la noche hay un tumulto controlado de recuerdos. una victoria de los cuerpos contra el calor del almanaque.

SALUTACIÓN ERUCTÓTICA COMO DE TÓTEM Y PAN CASERO

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Que este fin de año nos encuentre estados unidos y liberados de la placenta autoritaria del Medioevo centralizador y totalitario que arrasa y demanda atención como una nena caprichosa que se quiere depilar los sobacos antes de tiempo malditos cerdos imperialistas que avanzan sobre los tendederos de ropa como quien se come la brocheta sin sacarle el pinche y no muere sino que descubre su vocación de tragasables y pum viaja a México y se mete en un circo pero se da cuenta que también oh! Casualidad le tiene pánico a volar así que para siempre en ese país porque no tiene papota para comprar nafta por la falta de dinosaurios de buena calidad y la subida del precio del crudo. Caramba que contrariedad.

SALIR

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salir. revolcado. araña arañada. salir a dar la marivuelta. envuelto en papel aluminio. bananita dolca del desgano. obtuso. como clase primaria. como recuento trigonométrico del frío. nefasto en el fondo del bondi. cumbia patética arrulla mi gordita mirada de viejo triste. respirando canto rodado. con los dientes apretados y amarillos. más abajo del fondo estoy yo y ahi. en la cucheta bamboleante. en el espejo empañado me descubro. me doy los buenos días. la bienvenida a la luz y así. tapadito el asunto resuelto a medias salgo a rumiar sinsabores y alientos de boca cerrada. salgo. porque afuera quedan cosas por hacer.

PAUSA

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con cierto disimulo me acerco zigzagueando entre las mesas y en silencio, suelto en el vaivén nocturno de las botellas ingeridas, como un marinero puto la miro sin decirle nada. la miro morder con su boquita rubia el pedacito de tostado que un plato grasoso y blanco le ofrenda, también en silencio, un vaso con soda forma un triángulo amoroso enlazando el servilletero y dejando fuera a un sádico grupo de escarbadientes que nada tienen que ver con ella ni con sus hermosas muelas. la miro embobado y descubro un tanto extrañado que todo el bar está en silencio. el televisor alterna imágenes de autos con un hipopótamo asomándose entre plantas flotantes y acuáticas. pero no hay sonido. no hay sonido en el viejo amargado que corta su parrillada para uno mientras pierde la mirada por sobre la cabeza de la gorda que mesa por medio, mastica una papafrita y le tira el pelo a una hermosa niña de ojos claros. todo en mute. en ladino silencio de sordo cabrón. como la escena de una película cuando después de caída la bomba el protagonista sobrevive, pero un sonido, algo así como un beeeeeeeeeepppppppppp exasperante reemplaza el ruido ambiente y convierte a la devastación en un frame más triste y más completo. sin sonido el ritmo es un concepto ridículo y entonces me doy cuenta que las cosas y la gente han comenzado a detener poco a poco sus movimientos. el viejo amargado se queda estático en el preciso instante que estaba por cortar su último trozo de vacío. la gorda, a medio levantarse de la silla para buscar a su hija que intentaba salir por la puerta vidriada, se detiene entre como atrapada por el precipicio de la mesa. en su cara impreso un grotesco gesto de enojo. los alrededores de sus labios brillan por el aceite de las papasfritas. el televisor se empaca y decide mostrar una eterna jugada que jamás se completa entre dos futbolistas un tanto añejos. el dueño detrás del mostrador, igual que siempre, quieto y tranquilo, delata su estatismo una voluta de humo detenida a milímitros de su boca. y yo continuo embobado detrás de ella, ya mi vaivén ha cesado como todo los movimientos del lugar y cuando vuelvo a observarla su cuerpo ya se ha levantado de la silla y se dirige suave hacia la puerta. la abre. se va de mi. todo comienza a moverse de nuevo. pido más ginebra. y que alguien apaguen ese puto televisor.

JAIDEN PERRO

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Destejido. Como hebras rebeldes de botamangas rastreras. Desenhebrado. Hilachento en cada gesto. La boca seca por fuera sin el brillo glam de la palabra pronunciada. Descosida la bragueta jadea lengua afuera el calor de una primavera lluviosa. Indeciso. El líbido en mute por gastado muchacho del sur en tierras desérticas. Látigo psicometafísico castigando el desorden y la desidia. Tecnoemocional acepto el golpe, la cachetada, el empujón punk de los años y también la panza. Símbolo monstruoso del final de las mesas y el vacío calórico de los platos.

Humano viejo y feo. Soy yo. Tallarín con carne. El que añora el aliento de aceitunas del perro que me falta.

QUÉ CARO ESTÁ EL TOMATE!

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Llorábamos cada vez que algo nos hacía daño. Nos encerrabamos cuerpo adentro y llorábamos. Saladas microgotas de dolor. Transmutabamos la paleta cromática de nuestros rostros y llorábamos. Ella abrazada a su fragilidad de mujer y yo demostrando mi hombría de macho mocosiento. Llorabamos por el aumento insensato del tomate y boicoteabamos la industria con rebeldes demostraciones de albedrío, eligiendo una y otra vez el tomate triturado, hecho salsa, hecho agua. Abdicábamos a nuestro humano derecho de brillos rojos perfectos de naturales tomates. A su piel lisa, estirada y firme. A su acuosidad vampiresca. Nos alejabamos de la verdulería con paso lento. Arrastrando contra el suelo los recuerdos de una pizza napolitana que ahora se tornaba un acto imposible. Una obscena demostración de pequeño burgués. Pudiente y acomodado. Caminabamos de la mano hasta que los cajones de madera y los pisos sucios y las bolsas de arpillera y la rúcula moderna y el berro y el verdeo se desvanecían tras los kioscos de revistas y las farmacias. Nos alejábamos con los brazos de hierro trabados en una L infinita, sosteniendo la bolsa del dolor y el descontento. Ella maldecía por lo bajo, con palabras filosas y mirada de plomo observaba de reojo el amargo botín que colgaba de mi brazo. Imprecaciones que describían el alma traicionera y cruel del chacarero. En ocasiones intercalaba su fastidio con cortas detenciones frente a objetos de su interés. Resumidos lapsos de tiempo en los que ella se olvidaba del dolor por el tomate y como un bálsamo se abrazaba a las luces del mediodía que inundaban las vidrieras. Las nuevas remeras que cubren la cintura. El regreso, siempre regreso o jamás retirada, de los estampados psicodélicos. Los zapatos de mujer, propiedad ficticia de un estático grupo de maniquies asexuados que jamás se irían a ningún sitio. La aparición espontánea del masajeador japonés con rueditas que buscábamos desde hace meses y la plena seguridad que lo dejaríamos pasar una vez más. Sin comprarlo. Como si esos descuidos deliberados fueran tareas acordadas para jamás resolverse. Inversosímiles actos pendientes que funcionan como columnas para sostener lo cotidiano. El amor es la sartén y el plato, la aceitera y el sillón, el control remoto y la jabonera, es la sábana limpia y el abrazo detenido en la noche y la llegada de la luz para un retorno obligado del sueño, para una nueva visita a la verdulería. Esas eran cosas que solía decirle mientras caminabamos hacia casa, yo intentando escribir nuevos trazados en nuestro habitual recorrido, ella dócil siguiendo mi mano. Confiando que cada camino nuevo que pudieramos inventar se imprimiría en el cemento caliente de la primavera y que quizá otros dos, parejas reflejadas y multiplicadas en la caótica redondez del mundo, que otros dos entonces, en otro sitio cualquiera estuvieran repitiendo el dibujo asimétrico de nuestros pasos, calcando las acciones de avance y detención, los juicios directos y precisos, ellos, clones de nosotros, apócrifos intentos de amor, también de la mano y también sosteniendo una bolsa se dedicarían a llorar sus propias ausencias. A pelear sus personales e intransferibles batallas, a babear de pena aquellos destinos negados que les hubieran tocado en suerte, mientras nosotros, ya cansados y transpirados por una larga caminata, cubiertos por las seguridad eterna de nuestras paredes, vaciáramos la bolsa y dieramos fin al espejado hechizo.

CAMPING EL SUEÑITO

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tiempo de revanchas. de biorelojes descontrolados supurando melatonina. tiempo de sacar las sulfatadas pilas y cambiarse a modo alkalino. modo dios. y salir a reventar pelucas. compro pelo en buen estado. de gracia. de sitio. kill the mimo y calladito que el consorcio luego se queja y envían sus sicarios con disfraz de portero a regar con cianuro mi ficus. xuxa ya fue le dice la niña mimada al niño poeta mientras sacá su nuevo disco de la narco cocacolera y a mi me gusta andar de pelo suelto y se lo quiere follar a marcelo el responsable de la barbarie aculturativa de los últimos quince años pero que buenos los bloopers y va la gorda goma y se cae jarana jarana para el mecánico y el intelectual todos sudando la zapatilla y preguntándole al hijo adolescente que carajo es ese asunto de los energizantes. como la merca papá. la que tomaban los tangueros. escondan el tabaco se acerca lanata y guarden a sus hijos se acerca bambino. candelmo quiere guerra y la primavera finalmente llegó más gris y más opaca que nunca. jodidos pendejos dejan el pasto con vasitos de plástico. no jueguen con sus hormonas. frescos y coloridos dragones acampan en el territorio onírico de la fatalidad.

EQUILIBRISTA

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el universo se recrea a partir de las extrañas contorsiones que generan los objetos sobre él. las sábanas se arremolinan y funden, se forman y atraviesan el nocturno contenido de las habitaciones para quedar esculpidas sobre la maleable tela por unas horas o minutos o segundos. esa forma que lás sábanas infrigen también es una forma del aire una forma de la nada del oxígeno. el automóvil que se queda se decide se autoencierra entre otros dos autómoviles genera un espacio vacío menos en el mundo por lo tanto podríamos inferir que los automóviles estacionados en cualquier parte de este mundo ya sea en costa rica en trelew o en el cairo llevan adelante una silenciosa batalla contra la ausencia y la soledad. todo está y al mismo tiempo falta. así es la terrible lógica de por acá. si alguien pierde otro deberá encontrar. dónde dos se ríen al pasar frente a una vidriera de ropa para gordos otros dos lloran de rabia por los pingüinos empetrolados de vaya uno a saber dónde. quizá los que lagrimean sean cuatro pues el dolor siempre se duplica por cuestiones de costumbre y necesidad. así es que el circo de la vida tiene su equilibrista y debe de tomarse un par de ginebras de vez en cuando sino sería imposible explicar ciertas cosas. a la chica media cucú se le pierden o mejor tira dos objetos iguales que podrían haber sido sus medias de red o bien dos cañas para pescar o dos carreteles de hilo negro o dos impermeables viejos y raídos pero no. fueron dos pilas de esas que no se tiran por que si se ponen empty un aparato las pone full full y ella como está media afuera a la intemperie todo el día o casi todo las deja tiradas las suelta se desprende. cuestión que los dos objetos eran prestados o sea no le pertencían o sea eran de otra persona y pues bien la otra persona con la que comparte lazo sanguíneo y ha de ser una cuerda aguachenta y pegajosa para ser lazo de sangre pues bien su hermana entonces la hermana de la cucú mujer siempre del otro lado piensa se enoja dice cuánta estulticia y con lo caro que está el mundo de los objetos y especialmente el de estos que cuando empty luego full full y bueno que yo te lo pago dice la responsable de la huída y que no y que si y que al final quedó en el olvido y pasan unos días y yo estoy de lo más tranquilo con ella que es la tercera en compartir lazos de sangre con las otras dos antes mencionadas la dueña y la que perdió y en la mesa de la izquierda ahí muy cerca otra pareja se levanta y dentro del cenicero dejan olvidadas sueltas libres dos pilas recargables nuevecitas y yo las veo y digo pero que caramba si hace poco tu hermana le perdió a tu otra hermana dos pilas recargables y lo hago en tono de pregunta y ella me mira y responde que si y voy y las agarro a las pilas y las llevo a casa y compruebo su ok funcionamiento y digo pienso intuyo que el universo en su constante equilibrio quizó decidió rezarcir a la dueña de las pilas perdidas pero que lamentablemente le erró por muy poco pero fue un error al fin pues dejó dos objetos iguales en una mesa cercana a una persona cercana pero no puedo darlos en mano a la que tenía que recibirlos y quizá lo haga de esa forma para que nosotros aburridos monstruitos humanos no nos demos cuenta tan fácilmente que todo vuelve siempre. y digo pienso imagino que tan perfecta nunca podrá ser la maquinaria y que este espacio tiempo universo mundo existencia que nos tocó vivir se encuentra un poco más acá o un poco más allá pero que jamás logra dar en el blanco y llevarse el mejor premio de la estantería. por supuesto. demás está decir que si este equilibrista ginebrero lo decidió así yo no soy nadie para ir en contra del universo y por ende. las pilas me las quedo yo.

CALLES PRÓXIMAS PASADAS

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ando apagado. mudo. mudito. sin butano ni propano. ando por ahí. masticando ideas viejas y escupiendo tabaco al inodoro. ando con ganas de sol y remeras pero tampoco es eso. ando así. pegado al retrovisor de los deseos. mirando como la ruta se estira implacable hacia atrás. ando y me dejo llevar por esta secuencia rítmica. como sonando entre frazadas. como dejando morir el brillo. ando sin nafta ni gas oil ni gnc sin nada que saque chispas ni en la pista ni en los cordones. ando sin botines pero no descalzo más bien calzado y quisiera por momentos sacar las cosas de su habitual lugar correr un par de ladrillos morellianos y ver si todo sigue su traca traca traca y no es que no sea feliz pero es una extraña impaciencia por saber que se viene y por no estar si lo que sigue es el asesino de la motosierra corriendo niñas en bombacha y quedarme si hay un can labrador de color negro y una casa sobre debajo o dentro de un árbol y quizá no sea eso pero la aparición del personaje calle calle me recordó que yo algunas noches me dejaba dormir en las plazas y pedía monedas doradas para el colorido viaje etílico y eramos muchos recorriendo la noche y asaltando los deseos y eramos muchos sin años por delante porque nada era serio. adictos al juego de la vida reventabamos dobleces de papel glasé y veíamos fantasmas en los espejos y el cachetazo más grande es el dolor la ausencia el olvido el vacío y esa pequeña muerte que algunos llaman traición.

HERÁCLITO

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estoy ansioso y enciendo un cigarro. tengo ansieta prendo un pucho. tomo café negro negro y me da devolución de almuerzo momentáneo en mesa ratona de tapas negras de patas negras. afuera no se si frío o calor prefiero acá que prendo también el horno y nada de panfletos por que si me duele la cabeza me voy al 1996 cuando todavía tenía algo que compartir y estaba en esa cocina y el tipo medio yankee medio gil me decía tomate un advil y se te pasa y yo que lindo frasco pero me parece que fue el porro no estoy seguro y sacaba pistachos de una alacena y tenía música vieja pero cuando uno no sabe todo sirve uigoutudelicorstor decía a los gritos el cromo de la cinta tipo basf que mayúsculas y recuerdo un día también que ese mismo tipo zic ziiiic zic zic ziiic ziiiiic me llama y me dice la mina me dejó me entendés me dejó y lloraba el muy puto y yo que pensaba te dejó por ser tan precario por indeciso comedor de porquerías por esa campera roja que no dice lo que piensa te dejo por que era demasiado sentarse a la mesa de madera y verte tomar bebida cola que los dientes que la gula que la noche no la entendiste nunca te dejo y yo de eso no se más que vos y corté y de todas formas me fui para su cocina y ahí le dije que lo mejor era hundirse en la botella salir a patear farolas encenderse con kerosene llenar de pelos el jabón en la casa de los anfitriones y el tipo que susurraba lágrimas y la heladera blanca seguía ahí y todo era más sucio y viejo y yo incluso ahora sigo lejos pero rodeado de tanta imagen inservible con mi cabeza de licencia y pensando que para un hombre cualquiera no solo es imposible a un mismo río ingresar para bañarse sino que también y esto es aun más terrible jamás podrá secarse dos veces consecutivas con el mismo toallón.

TRABAJO GOLONDRINA

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estoy a destajo. bonito tutú rosa pálido en terraza suicida y sin emoción por patitas de ropero. es esta carencia de ingesta la que me deja ahorcado a una fecha de vencimiento, a una media astuta que juega su última carta por debajo de la cama. es así compañero chancho. la triste realidad del microbio. el insano temor a la bacteria. no soy lo que comí este mediodía de carne cortada a cuchillo y una siesta de cebolla. soy quizá la vegetación y el desgano, la mutación capilar y el meo espumoso. tengo un rincón y una bañadera. los utilizo para comprender los mecanismos de la melancolía.


de algo estoy seguro. no con texto los mensajes de texto.

NEGACIÓN DEL ACTO EN CUESTIÓN

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no es por triste negro calladón. no es por polera atrapa cuello y anteojito de marco negro pequeño como una mala metáfora. no es por ex combatiente del amor ni por pesado arrebato de pasión berreta. nunca por borracho sexópata y gordo arquero atrapa pelotas para robarlas para llevarlas a su casa por que mami preparo el café con leche y qué. no es por insistente vigía ad honorem de las esquinas y las polleras y los culitos. jamás por diez dedos en su correcto lugar y una mesa con precipicio y vaso de trago largo. me niego a que sea por ausente carita que retorna como la acidez desde el pasado pequeño y cuánta inocencia. ni siquiera por cuchillos o callejones o lamparitas quemadas o montañas con nieve y mares de fuego o fogatas hechas bajo luna pensante y distante. no es tampoco por voz de balde metálico y ondulante vibración estereofónica. no. no es por eso que escribo. no es por los demás. es un acto puro y egoísta. una escena vacía e incoherente.

escribo. porque no se qué decir.