INCUBO

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Magullado, afectado por imaginar tener la marca de Caín.

Esa paranoia tan particular del individuo que camina en la oscuridad de su mente.

Donde su contrario femenino que siempre viene realzado por el arquetipo de Lilith y su milicia de súcubos. Donde la conjura obliga a la filatelia empedernida detallada en ese librito azul, aquel en el interior de la muralla, todo el semen de la historia. Y los recuerdos que viajan a la velocidad del lado oscuro de la luna y retornan en sentimientos astillados. Y los amaneceres son la ausencia misma. Donde los diálogos sin vida que llegan desde el pueblo, finas voces, hablando el lenguaje de la huida. Del que jamás existió. Llueven colmillos y cuernos y la prostituta cada vez se me hace más pura, más santa, más digna. Y aunque este toda de rojo no le tengo lástima. Mesalina la que le pone vaselina a los sentimientos que huyen. Aunque le queme o le arda comprenderá la conversación lógica. Y si de repente aparezco con los labios pintados y con encajes, ella no ríe. Sabe comprender la belleza, no importan los vellos ni esos músculos que aparecen donde no deben, eso es belleza. La beso. Puede reír ahora. Porque mientras bajo corriendo a buscar la encomienda se rompieron mis tacos. Me doy vuelta y la comprendo. Le guiño un ojo. La historia y nuestros genes fueron forjados por hombres que mientras pensaban en el porvenir se ajustaban las bragas. Es el resultado de descifrar toda la cadena genética. Y aunque te quieran demostrar su hombría agarrándose las pelotas y flexionando las rodillas en actitud arravalera. No temas. Lo único que debes hacer es cuidar bien a tú hijo, aunque no lo tengas cuídalo igual. Aunque esté endemoniado, deformado no lo margines. Cómo decía El Flaco:

Todas las hojas son del viento
ya que él las mueve hasta en la muerte
Todas las hojas son del viento
menos la luz del sol”

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