UNA CORTA E IMPERFECTA LISTA DE PRESENTES

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Lo dicho anteriormente aquí no implica que las cosas del presente dejen de maravillarme por su belleza o su extraña inclinación a lo fantástico. He aquí una pequeña lista de momentos hermosos:




- Ella secando su pelo con un extraño
admíniculo en forma de arma inofensiva y calorífica. El viento inventado desnuda
su rostro y el pelo forma formas en el aire de la noche, entre las claras y
tranquilizadoras luces de nuestros veladores.






- Ella observando a otros mientras sabe que yo la observo
a ella. Está hablando, pero sus labios piensan en mi.






- La música de mi amigo sonando por la casa mientras las
nubes se desprenden del cielo, se introducen sin permiso en nuestros vasos y
conforman una realidad extraña y perfecta.






- Ella durmiendo a mi lado mientras desde el libro que
sostengo un mundo de futuros y tierras lejanas y fiestas en terrazas me invade
el corazón y me duerme y me encuentra desnudo entre las sábanas el amanecer de
nosotros y sus ojos azules y sus manos y el perfume de los buenos tiempos escapa
por la ventana y provoca envidia en los vecinos.






- Mi saco negro. Mi saco marrón.






- El sentimiento que nada está terminado, que todo está
por comenzar, que recién empieza la función, que somos actores protágonicos de
una realidad que se construye a medida que la imaginamos. Algo así es la
felicidad del domingo y tomar mate y leer el diario y salir a la calle entre
brillos y hojas sueltas.






- La tristeza sin porqué, sin querer, sin quererla. El
dolor y la angustia de la palabra destrozada. Rota por ausencias y mentiras. El
dolor del que siente, del que espera, del que quiere perdonar. El dolor que
anuncia la llegada de los buenos tiempos (esos que dan envidia a los
vecinos).








- París. El destino inevitable del que viaja primero entre
los libros y las fotos, los teléfonos y los amigos. La distancia duele más,
después de la segunda ginebra.






- Los días de frío, nublados y silenciosos, el olor del
café, el tabaco picante y amargo y la mirada hundida entre edificios y personas
desconocidas. La soledad como símbolo de vejez y sabiduría.






- Los días de calor y los amigos y las mesas infinitas ya
sin precipicios porque del otro lado siempre está ella para esperar y soportar
la caída. La cerveza dorada, las remeras de colores, el pelo atado para que su
rubia frescura no se escape entre gotas transparentes de risas y vidrios
musicales y proyectos fantásticos de extrañas máquinas y rosas de cobre y mundos
mejores.






- Ella que se duerme antes que las luces se terminen. Yo
que desato la oscuridad y la dejo libre dentro de nuestra casa y me apuro en
acostarme y abrazarla. Los fantasmas son de los dos.






- Sentirme vivo, con la carne cortada pero vivo. Con los
ojos llenos de agua, pero vivo. Listo para subirme a la calle y salir a
buscarme, aunque no tenga sentido, aunque ya me haya
encontrado.


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